Un día te conocí y
quise enamorarte,
llamé a tu corazón
y con amor me miraste.
Al expresarte mi amor,
desconcertada quedaste,
dudabas tanto, que yo te decía:
“Cambias mas que los tomates”.
El dedo meñique me dabas
para tratar de consolarme,
pero tu padre como un polizón.
no paraba de vigilarte.
Después de mucho pensarlo
nuestros corazones se unieron
han pasado ya 25 años
y todavía nos decimos “te quiero”.
Cada vez que te digo:
“Te quiero pocholón,”
tu me dices con cariño:
yo también te quiero “Angelón”
Tu nos has regalado Señor
estos 25 años,
hoy te queremos agradecer
que podamos celebrarlo.
Durante todo este tiempo,
los problemas no han faltado
pero también ha habido alegrías
que juntos hemos sobrellevado.
Nuestro amor con los años
se ha ido acrecentando,
el pasado quedó atrás
y ahora vivimos, amados, amando.
Cuantos matrimonios
en el camino han quedado,
con Dios perdura el amor,
sin Dios el desengaño.
Ya no hay unión en Dios,
y otros ni en los juzgados
eso de casarse dicen:
es solo de anticuados.
Todo queda en una unión
por unos intereses creados,
que importan los hijos que vengan,
si de viejos nos habrán dejado.
Lo que Dios unió que no lo separe el hombre
dice Jesucristo en el Evangelio,
pero ¿quién hace caso de esto?
si hemos quitado a dios de en medio.
Tu nos dices Señor:
Amaros como yo os he amado
y este amor compartido
es lo que siempre nos ha ayudado.
Que sigamos amándonos Señor
y tu en medio nuestro,
con tu presencia entre nosotros,
podremos dar buen ejemplo.
Angel